Dr. Juan José Zárate Ramos

Profesor-Investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia

Universidad Autónoma de Nuevo León

 

Los orígenes del concepto sobre la hipótesis de la higiene se remontan al año 1870, cuando Blackley advirtió que los aristócratas eran más susceptibles a las alergias causadas por el polen que los granjeros, algo inicialmente paradójico si se pensaba que eran estos últimos los que estaban más expuestos a dicho alérgeno, al vivir en ambientes rurales. Sin embargo no fue hasta que Strachan 1989, acuño el término, cuando la hipótesis de la higiene tomo importancia. Lo que Strachan observó fue que mientras mayor fuese la incidencia de infecciones durante las primeras etapas de la vida, cuando el sistema inmune aún está inmaduro, estas tenían un efecto protector frente a las alergias o a la atopía. También observó que en familias numerosas, la transmisión de microorganismos y por ende enfermedades, entre hermanos era también mayor, sobre todo si se tenía en cuenta que en general, dichas familias contaban con recursos económicos limitados y que ello conllevaba que los niños compartieran habitación, aumentando aún más el intercambio de patógenos. Es entonces que se inicia una extensa investigación tendiente a dilucidar las bases que subyacían bajo la hipótesis de la higiene. Por ejemplo algunos de estos estudios mostraron que la infección por el virus de la hepatitis A, un virus a menudo asociado con una higiene deficiente, mostró tener efecto protector frente a la atopía. De igual modo, aquellos niños que acudían a las guarderías a edades tempranas tenían una menor prevalencia de alergias, frente a aquellos que asistían más tarde, asociándose esta observación con el efecto protector del intercambio de infecciones entre los niños. Esto parecía confirmar la teoría de que cualquier infección cuya incidencia dependiera de las prácticas de higiene tendría una relación inversa con la alergia. Luego de estas observaciones el enfoque para tratar de explicar las causas de los procesos alérgicos a través de la hipótesis de la higiene, por lo que la atención se centró en las alergias lo que motivo un descuido en la atención al incremento paralelo de enfermedades autoinmunes, tales como la diabetes de tipo I, la esclerosis múltiple, la artritis juvenil, la enfermedad de Chron, Leucemia linfoblástica Aguda, la enfermedad celíaca e incluso el autismo.

Si se comparan las condiciones de vida y la higiene en la edad media con las condiciones actuales, advertiremos grandes diferencias, por ejemplo en la edad media la higiene personal no era considerada una prioridad, se consideraba que la suciedad protegía contra las enfermedades, incluso la Iglesia condenaba el baño por considerarlo un lujo innecesario y pecaminoso. Las damas más entusiastas del aseo tomaban baño, cuando mucho dos veces por año, y el propio monarca sólo lo hacía por prescripción médica y con las debidas precauciones. El manejo de las heces y orina era poco cuidado incluso era frecuente que las personas defecaran en la vía pública, y en los hogares estos desechos eran tirados directamente a la calle. En contraste la situación actual en particular en los países desarrollados las condiciones de vida han mejorado notablemente, teniendo acceso entre otros servicios, al agua potable y a una mayor higiene no sólo doméstica, sino también en la manipulación de los alimentos. Esto, junto al traslado de habitantes de las áreas rurales hacia áreas urbanas (en donde existe un menor contacto con animales), el uso de vacunas y antibióticos, parece indicar un menor número de infecciones durante la infancia, que podría correlacionar con el aumento de la alergia y enfermedades autoinmunes. Estudios recientes en inmigrantes indican que el solo cambio de ambiente en etapas adultas puede conducir al desarrollo de alegrías, es decir que el desarrollo de alergias en estos individuos no está ligado a factores genéticos.

Fuente: Mónica Pérez de Andrés Comparación d zonas de elevada incidencia de helmintiasis y elevada incidencia de enfermedades autoinmunes

En varios estudios de poblaciones italianas inmigrantes que visitaron a médicos con quejas de alergias, tenían poca historia familiar de atopia. Sólo el 16% tenía antecedentes clínicos de alergia antes de la migración. El tiempo transcurrido entre la migración y el inicio de los síntomas fue de 5,3 ± 3,1 años con un mínimo de 0,5 y un máximo de 7 años. Estos inmigrantes eran de Asia, África, América del Sur y Europa del Este. Un estudio de niños inmigrantes estadounidenses mostró que los niños nacidos fuera de los Estados Unidos tienen una menor prevalencia en las enfermedades alérgicas que aumenta después de residir en los Estados Unidos durante al menos durante una década.

Sin embargo el enorme incremento de este tipo de enfermedades siguen siendo desconocido, y dicho aumento no puede explicarse únicamente por factores genéticos, ya que el incremento ha sido de tal magnitud y en tan poco tiempo, que es imposible que se deba a un cambio genético en la población. Es indudable que para el desarrollo de la alergia y otras enfermedades crónicas existe cierta predisposición genética de algunos alelos del complejo de histocompatibilidad, pero los estudios actuales apuntan hacia factores ambientales desencadenantes de la sensibilización alérgica.

Las investigaciones recientes asocian el incremento de la alergia, con un aumento de los factores capaces de estimular la sensibilización alérgica, y con la pérdida de factores protectores frente a la misma. Lejos queda esto del vínculo entre higiene y atopía establecido por Strachan; cada vez son mayores las evidencias de que no es la higiene en sí la responsable de este tipo de desórdenes inmunológicos, sino el menor contacto con ciertos organismos específicos. Esto ha llevado a reformular la hipótesis de la higiene bajo el nombre de “hipótesis de la privación microbiana”, “hipótesis de los viejos amigos” o “hipótesis de la biodiversidad”, hipótesis de los T reg, con el objetivo de eliminar la concepción de que una higiene “descuidada” podría tener efectos beneficiosos sobre el desarrollo del sistema inmune. Estas teorías defienden que los mamíferos han coevolucionado con ciertos microorganismos no patógenos y comensales, que ayudan a estimular la respuesta inmune dependiente de los linfocitos Th1 y mantener el equilibrio del sistema inmunológico. Estos organismos se encuentran mayoritariamente formando parte de la microbiota intestinal, habiéndose encontrado diferencias en la composición de la misma entre niños alérgicos y no alérgicos.

Cabe señala que las practicas higiénicas y de somatización actuales tales como el tratamiento del agua, no sólo eliminan las especies patógenas, sino que inevitablemente también eliminan organismos cuya acción inmunomoduladora es esencial. Entre estos organismos se encuentran las micobacterias, lactobacilos, bacterias gramnegativas y helmintos, organismos con los que hemos ido evolucionando, aprendiendo a tolerarlos, y que desempeñan funciones a distintos niveles del sistema inmune.

 

 

Por lo anterior, la hipótesis más plausible a la hora de explicar el incremento desmesurado de las alergias sería la eliminación o la alteración en la composición de la microbiota, por ello se considera que un desorden producido por la privación microbiana durante la infancia, tendría como consecuencia una repuesta inmune perjudicial. A pesar de que la mayoría de estudios han sido enfocados a la alergia, existe cada vez mayor evidencia de que el aumento de ciertas enfermedades autoinmunes tiene su origen en la misma causa. En este sentido, un estudio con ratones susceptibles a enfermedades autoinmunes (como la diabetes de tipo I), mostró los animales mostraron una respuesta positiva hacia esas enfermedades cuando se administraban microorganismos como los helmintos y ciertas bacterias.

No obstante, a pesar de que de que el menor contacto con ciertos organismos parece ser la principal causa de la polarización del sistema inmune hacia la inmunidad mediada por linfocitos Th2, ésta no puede concebirse como la única causa. El incremento de la alergia se debe también a la baja frecuencia de infecciones que estimulan la inmunidad mediada por Th1 (debido a una mayor higiene, antibióticos y vacunas), tal como apuntaba Strachan.

Sin Embargo, existen otros factores que pueden explicar la incidencia creciente de la enfermedad alérgica, independiente de la hipótesis de la higiene. Éstos incluyen cambios dietéticos, contaminación ambiental, cambios en el modelo de la actividad física, obesidad cada vez mayor, tensión en vida moderna, predisposición genética, cambios en el estatus socioeconómico, entre otros.

Conclusiones

Por lo anteriormente, queda claro que el incremento global de la incidencia de padecimientos alérgicos es complejo y no debe abordarse desde una sola perspectiva, es decir debe de manejarse bajo un concepto holístico del problema, es decir considerando todos los factores involucrados. En este sentido está cada vez más claro que para un desarrollo adecuado del sistema inmune los individuos deberán de tener contacto en edades tempranas con agentes no patógenos o moderadamente patógenos (bacterias y/o parásitos) que permita estimulan la inmunidad de tipo Th1 sobre todo en las etapas en las que el sistema inmune está todavía en desarrollo.

De igual forma el avance en los procesos relacionados con la higiene, como la potabilización del agua, la búsqueda de una inocuidad extrema de los alimentos, la sanitización y desinfección de materiales animados e inanimados, si bien causan la eliminación de organismos patógenos también destruye organismos que hasta ahora sabemos que son benéficos con propiedades inmunoreguladoras. Por ello los esfuerzos en la actualidad deberán centrarse en la búsqueda de un equilibrio entre una higiene correcta que permita la eliminación de agentes potencialmente patógenos y que permita que aquellos que no lo son puedan entrar en contacto con nosotros.

En la actualidad se estudian preparados a base de bacterias benéficas, los prebióticos, vacunas con micobacterias, parásitos que estimulan adecuadamente el sistema inmune y no causan daño al ser humano, lo que ha permitido el desarrollo de la helmintoterapia, la veiculizacion de genes alérgenos en plásmidos, prácticas que nos permiten exponernos a agentes patógenos, con el fin de permitir una evolución adecuada de nuestro sistema inmunológico.

 

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