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El premio Nobel de Química de 1995 se entregó a un proyecto científico dirigido por el mexicano Mario Molina Pasquel, el estadounidense Sherwood Rowland y holandés Paul J. Crutzen, a través del cual se analizó la formación y descomposición del ozono, una molécula de tres átomos de oxígeno que se forma por reacciones químicas de la radiación solar y compuestos orgánicos e inorgánicos, y que en la parte más baja de la estratosfera se encuentran en concentraciones altas, creando la capa de ozono la cual actúa como filtro de las radiaciones ultravioletas de onda corta que llegan a la biosfera.

Las investigaciones llevadas a cabo por este grupo de científicos, demostraron que la disminución de esta molécula provoca lo que hoy se conoce como el agujero de ozono, que se refiere a la disminución del grosor de la capa de ozono, debido a diversas causas naturales, como los patrones de circulación de vientos, la intensidad de la radiación solar, el efecto de los meteoritos, las erupciones volcánicas, entre otros; además de que existen otras causas provocadas por el hombre, como el uso de aerosoles y gases de refrigeración, la fabricación de transistores, plásticos y de los sistemas de aire acondicionado de los vehículos, los cuales producen clorofluorocarburos (CFC) e hidrocloroflurocarbonos (HCFC), que son los principales responsables de la destrucción de la capa de ozono.

La reducción de la capa de ozono provoca que las radiaciones ultravioletas lleguen directamente a los seres vivos. En las personas afecta primordialmente las zonas expuestas al sol que son la piel, estimulando el cáncer de piel y alterando el sistema inmune. Así mismo, el efecto invernadero y el agujero de ozono se relacionan debido a que gases invernadero intervienen en la química del ozono, y éste en el gas invernadero influyendo en el equilibrio climático del planeta.

En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 16 de septiembre como el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, para conmemorar el día en que se firmó en 1987 el Protocolo de Montreal, y gracias a las acciones internacionales derivadas de la firma de este importante acuerdo, actualmente se está recuperando la capa de ozono y se espera que a mediados del presente siglo se haya recuperado por completo. Además, el Protocolo de Montreal ha contribuido significativamente a la mitigación del cambio climático, al haber evitado la emisión a la atmósfera de más de 135.000 millones de toneladas de equivalente de dióxido de carbono, derivado de la eliminación de las sustancias que provocan la pérdida del ozono.

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La celebración del Día Internacional de la Protección de la Capa de Ozono nos recuerda que los seres humanos somos los principales responsables del cuidado del medio ambiente, por lo existen diversas acciones que podemos llevar a cabo y contribuir en el cuidado de la capa de ozono entre las que se encuentran: trasladarse en transporte público o de lo contrario usar lo menos posible el automóvil, usar focos de menor consumo, no comprar o aerosoles que contengan clorofluorocarbonos, dar mantenimiento oportuno a los aparatos de aire acondicionado, entre otros. Estas acciones debemos integrarlas en nuestra vida diaria y lograr la restauración completa de la capa de ozono la cual es esencial para la vida en la tierra.

 

¡Recuerda tu eres parte del cambio!