El incremento de encuentros entre personas y fauna silvestre en zonas urbanas es un fenómeno cada vez más frecuente en distintas ciudades del país. Este escenario no es producto del azar, sino resultado directo de la expansión urbana, la fragmentación de hábitats y la creciente interconexión entre espacios naturales y áreas densamente pobladas. Frente a esta realidad, resulta indispensable asumir una postura informada, responsable y basada en criterios técnicos que permitan reducir riesgos y favorecer una convivencia adecuada.
En este contexto, las recomendaciones emitidas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) constituyen una guía básica pero fundamental. Mantener distancia ante la presencia individuos de fauna silvestre, evitar manipularlo o alimentarlo, no intentar adoptarlo como mascota, además de mantener vacunados y desparasitados a perros y gatos, y reportar a las autoridades cualquier situación de riesgo, son medidas sencillas que pueden prevenir conflictos mayores. Estas acciones no solo protegen a las personas, sino también a los propios animales, que suelen ser los principales afectados cuando ocurren interacciones inadecuadas.
Una de las prácticas más comunes y problemáticas es la alimentación intencional de fauna silvestre. Aunque pueda parecer un gesto de empatía, alimentar a estos animales altera su dieta natural, modifica sus patrones de comportamiento y puede generar dependencia hacia fuentes artificiales de alimento. A mediano y largo plazo, esta conducta incrementa la probabilidad de que los individuos se acerquen con mayor frecuencia a zonas habitadas, lo que eleva el riesgo de accidentes, agresiones defensivas o capturas innecesarias. La fauna silvestre cumple funciones ecológicas específicas y está adaptada a obtener su alimento en condiciones naturales; interferir en este proceso rompe equilibrios que han evolucionado durante miles de años.
Asimismo, intentar capturar o domesticar animales silvestres implica consecuencias éticas, sanitarias y legales. Estas especies no están adaptadas a la vida doméstica y su confinamiento suele generarles estrés, enfermedades y sufrimiento. Además, pueden transmitir enfermedades zoonóticas o adquirir padecimientos de animales domésticos, lo que representa un riesgo bidireccional. En este sentido, la vacunación y desparasitación de perros y gatos no es solo una medida de cuidado responsable hacia las mascotas, sino una estrategia preventiva para proteger a las poblaciones silvestres que comparten el territorio urbano.
Reportar oportunamente la presencia de un animal en situación de riesgo también es un elemento clave. Las autoridades ambientales cuentan con protocolos y personal capacitado para atender casos específicos, especialmente cuando se trata de ejemplares heridos, desorientados o que representen un peligro inminente. La intervención ciudadana directa, motivada por la curiosidad o el temor, suele complicar la labor técnica y agravar la situación.
Más allá de las recomendaciones, el debate de fondo radica en cómo interpretar la presencia de fauna silvestre en la ciudad. Con frecuencia, estos avistamientos se perciben como una anomalía o como una “invasión” de espacios urbanos. Sin embargo, esta visión desconoce que muchas ciudades fueron construidas sobre territorios que históricamente formaban parte del hábitat de diversas especies. Desde esta perspectiva, no se trata de animales que irrumpen en la ciudad, sino de una ciudad que se expandió sobre ecosistemas preexistentes.
La presencia de fauna silvestre en entornos urbanos puede entenderse, en muchos casos, como una muestra de resiliencia ecológica. Algunas especies han logrado adaptarse a condiciones modificadas, aprovechando áreas verdes, parques, riberas de ríos y zonas arboladas como refugios temporales o corredores biológicos. Estos espacios cumplen una función estratégica al conectar áreas naturales de mayor conservación con sectores urbanos, permitiendo el flujo genético y el desplazamiento de organismos.
No obstante, esta capacidad de adaptación no debe interpretarse como una justificación para continuar degradando el entorno. Por el contrario, subraya la responsabilidad de conservar y fortalecer los remanentes de vegetación urbana. Los parques, áreas naturales protegidas dentro de las ciudades, jardines públicos y privados, así como los corredores ribereños, representan piezas fundamentales en la estructura ecológica urbana. Su mantenimiento y ampliación contribuyen no solo a la biodiversidad, sino también a la calidad del aire, la regulación térmica, la infiltración de agua y el bienestar humano.
En este sentido, los programas de restauración ecológica adquieren una relevancia especial. Restaurar áreas degradadas, reforestar con especies nativas, controlar especies invasoras y recuperar cuerpos de agua urbanos son acciones que mejoran las condiciones de hábitat para la fauna silvestre y reducen la probabilidad de conflictos. Estas iniciativas deben sustentarse en diagnósticos técnicos y en la participación coordinada de autoridades, instituciones de educación superior e investigación científica y sociedad civil.
De igual forma, la planeación urbana juega un papel determinante. El desarrollo de planes de ordenamiento territorial y de crecimiento urbano sustentable permite integrar el componente ambiental desde etapas tempranas de diseño. Incorporar criterios como la conservación de corredores biológicos, la delimitación de zonas de amortiguamiento y la protección de áreas naturales remanentes puede prevenir impactos irreversibles. La sustentabilidad urbana debe entenderse como un eje estructural de la planificación.
Asumir una cultura de respeto y corresponsabilidad implica reconocer que la ciudad es un sistema socioecológico complejo. Las decisiones individuales, desde tirar basura hasta permitir que una mascota deambule sin control, tienen efectos acumulativos sobre el entorno. La educación ambiental, en este contexto, se convierte en una herramienta estratégica para promover comportamientos informados y éticos.
Los encuentros con fauna silvestre suelen generar temor, especialmente cuando se trata de mamíferos de mayor tamaño. Sin embargo, la mayoría de estos animales evita el contacto con las personas y solo responde de manera defensiva cuando se siente amenazada. La difusión de información basada en evidencia científica contribuye a disminuir mitos y a promover actitudes prudentes.
En un contexto urbano cada vez más denso y demandante, la coexistencia con fauna silvestre no es una opción, sino una realidad que requiere gestión adecuada. Pretender erradicar la presencia de estos organismos no es viable ni ecológicamente deseable. La alternativa consiste en construir mecanismos de convivencia que reduzcan riesgos y fortalezcan la integridad de los ecosistemas urbanos.
Avanzar hacia una relación más equilibrada entre sociedad y naturaleza implica reconocer límites y responsabilidades. Las ciudades del futuro deberán integrar infraestructura verde, soluciones basadas en la naturaleza y esquemas de gobernanza ambiental participativa. La experiencia demuestra que cuando se combinan información, planeación y compromiso ciudadano, es posible disminuir conflictos y promover entornos más saludables.
En resumen, frente al aumento de encuentros entre personas y fauna silvestre, la respuesta no debe ser el rechazo o la intervención indiscriminada, sino la adopción de prácticas responsables y la consolidación de políticas públicas orientadas a la conservación. La resiliencia de los ecosistemas urbanos ofrece una oportunidad para replantear nuestra relación con el entorno. Aprovecharla dependerá de nuestra capacidad para actuar con respeto, conocimiento y visión de largo plazo.
Referencias
La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. (2025). Diario Oficial de la Federación. Gobierno de México.
Ortiz et al. (2024). Vida Silvestre en la Ciudad. Herreriana. Vol. (6), No. 1: 43-50.
Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. (2025). Profepa invita a convivir responsablemente con la fauna silvestre urbana. Gobierno de México. Comunicado de prensa núm. 433/2025
Rodríguez, E. (2020). Contribuye sociología al manejo de la fauna silvestre urbana. Universidad Autónoma de Nuevo León. Consultado 3 de diciembre 2025: https://vidauniversitaria.uanl.mx/expertos/contribuye-sociologia-al-manejo-de-la-fauna-silvestre-urbana/