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La Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR)  define a los Residuos de Manejo Especial (RME) como aquellos generados en los procesos productivos, que no reúnen las características para ser considerados como peligrosos o como residuos sólidos urbanos, o que son producidos por grandes generadores de residuos sólidos urbanos. Así mismo en esta ley se establecen las categorías definidas de los RME. Otra herramienta de consulta es la Norma Oficial Mexicana NOM-161-SEMARNAT-2011, que establece los criterios para clasificar a los RME y determinar cuáles están sujetos a plan de manejo; el listado de los mismos, el procedimiento para la inclusión o exclusión a dicho listado; así como los elementos y procedimientos para la formulación de los planes de manejo.

De acuerdo al diagnóstico básico para la gestión integral de los residuos (SEMARNAT 2012) se generan anualmente 84 millones de toneladas de 14 corrientes de RME, además de 805 mil vehículos que llegan al final de su vida útil anualmente y las cifras van al alza.

Residuos eléctricos y electrónicos

En México, los residuos eléctricos y electrónicos se encuentran dentro de la categoría de manejo especial. La tecnología de rápida innovación y de cortos periodos de vida son algunos de los factores que contribuyen a la creciente cantidad de residuos electrónicos generados. En las últimas décadas se ha incrementado en todo el mundo el uso y consumo de aparatos eléctricos.

De acuerdo con el análisis estadístico realizado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) se estima que de los 3.9 millones de toneladas de residuos eléctricos y electrónicos que produjo América Latina en 2014, México fue responsable de alrededor de 24 %, superado sólo por Brasil, que contribuyó con 36 %. También se estima que en 2018 solo en América Latina se generarán 4.8 millones de toneladas de residuos eléctricos y electrónicos. A nivel mundial, la generación en 2014 fue de poco menos de 42 millones de toneladas y en 2018 se alcanzarán los 50 millones de toneladas, creciendo a un ritmo promedio anual de 4 a 5%. 

Con el fin de minimizar cualquier riesgo potencial para la salud humana o ambiental, las partes interesadas de la electrónica, en las diferentes etapas del ciclo de vida de los productos, necesitan información sobre qué sustancias químicas están presentes en los productos, sus propiedades, uso y riesgos potenciales.

Las computadoras y los teléfonos celulares pueden contener más de mil diferentes sustancias peligrosas, entre las principales que se pueden encontrar son: plomo, mercurio, cadmio, zinc, itrio, cromo, berilio, níquel, retardantes de llama bromados, trióxido de antimonio, retardantes de llama halogenados, estaño, cloruro de polivinilo (PVC) y ftalatos. Además, los productos electrónicos contienen metales valiosos como el oro y cobre, como se muestra en la siguiente tabla.

Placa de circuito impreso Pueden contener cadmio y otros metales peligrosos como cromo, plomo, mercurio, berilio, zinc y níquel. Además, en estos se utilizan a menudo retardantes de llama bromados y trióxido de antimonio.
Pantallas de cristal líquido, LCDs Las LCDs utilizadas en teléfonos móviles y monitores de computadora de pantalla plana, pueden contener mercurio.
Tubos de rayos catódicos, CRTs Contienen plomo en el cono de vidrio y sulfuro de cadmio/zinc/itrio en el recubrimiento fluorescente.

Baterías

Metales pesados como el plomo, mercurio y cadmio están presentes en ciertas baterías.
Cubiertas de plástico Los plásticos a menudo contienen retardantes de llama halogenados, muchos de los cuales son peligrosos. La combustión de los plásticos y los retardadores de llama halogenados pueden producir sustancias tóxicas. Además, a menudo se agrega antimonio para mejorar la retardancia de la llama.
Componentes, como interruptores El mercurio es usado en lámparas fluorescentes y ha sido históricamente utilizado en termostatos, sensores, relés e interruptores, por ejemplo, en placas de circuitos impresos.
Soldadura Puede contener plomo, estaño y otros metales.
Cableado interno y externo A menudo está recubierto de PVC que comúnmente contiene numerosos aditivos, incluidos compuestos de metales pesados y suavizantes como los ftalatos. La combustión de PVC puede producir sustancias tóxicas.
Semiconductores La industria de semiconductores usa retardantes de llama bromados en el material de encapsulación plástica.

 

Los problemas se ven agravados por el rápido aumento en las ventas de productos electrónicos en los últimos años, convirtiendo a los residuos electrónicos en uno de los de mayor flujo. Una gran cantidad de residuos electrónicos generados en países desarrollados como los Estados Unidos de Norteamérica, la Unión Europea y Japón se exportan a los países en desarrollo ya que es menor el costo de manejo de desechos en estos últimos y eso es un poderoso incentivo para la exportación.

Dado lo anterior, existe el riesgo de contaminación al medio ambiente y daños a la salud debido a que los equipos eléctricos y/o electrónicos en muchas ocasiones son desechados de forma inadecuada lo que puede favorecer la producción de lixiviados que liberan sustancias químicas tóxicas  las cuales podrán filtrarse a través del suelo y llegar a contaminar los mantos acuíferos y por lo tanto dañar nuestro organismo al beber agua contaminada con metales pesados, los cuales en altas cantidades pueden provocar graves efectos en la salud tales como:

  • Intoxicaciones agudas
  • Daños neurológicos
  • Daños en el tracto respiratorio
  • Afecciones cardiovasculares
  • Daño hepático y renal
  • Osteoporosis y deformaciones en los huesos
  • Cáncer
  • Daños en el sistema inmunológico

Por lo anterior, la UANL consciente de esta problemática y reafirmando su compromiso con el cuidado del medio ambiente, en noviembre de 2018 y en junio de 2019 realizó dos campañas de acopio de residuos eléctricos y electrónicos organizadas a través de la Secretaría de Sustentabilidad, con el fin de difundir entre la comunidad universitaria y público en general la importancia de llevar a cabo una adecuada disposición de este tipo de residuos que en muchas ocasiones se tienen acumulados en casas y oficinas. En dichas campañas se recibieron dichos  materiales en los siguientes centros de acopio:

  • Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías
  • Facultad de Salud Pública y Nutrición
  • Centro de Investigación y Desarrollo de Educación Bilingüe
  • Preparatoria No. 1
  • Preparatoria No. 4
  • Preparatoria No. 7 Unidad I
  • Preparatoria No. 7 Unidad II
  • Preparatoria No. 9
  • Preparatoria No. 16
  • Preparatoria No. 23
  • Preparatoria No. 25
  • Organización Soriana S.A.B. de C.V.

 

En total se recolectaron 36.08 toneladas de residuos eléctricos y electrónicos, de las cuales 16.02 toneladas fueron acopiadas en la campaña de noviembre de 2018 y 20.06 toneladas en la campaña de junio de 2019, quedando caracterizados como se menciona a continuación:

Con dicha cantidad de residuos se generaron importantes beneficios ambientales tales como 851,420 kWh de energía eléctrica no consumida y 133 toneladas de CO2 no emitidas a la atmósfera.

Una parte muy importante del éxito de las campañas de reciclaje electrónico radica en el compromiso de la comunidad universitaria por adoptar prácticas sustentables dentro de sus actividades cotidianas y con ello apoyar en el cuidado del ambiente. Un ejemplo es el valioso apoyo que ha brindado la Dirección de Servicio Social y Prácticas Profesionales a través del programa de servicio social comunitario con el cual los estudiantes participan activamente en la logística de las campañas antes mencionadas.

Residuos orgánicos

La utilización de los residuos orgánicos juega un papel importante en el mantenimiento de la fertilidad del suelo, además de ser una fuente de nutrientes, mejora sus propiedades físico-químicas y biológicas. Estas ventajas se manifiestan en un menor riesgo para los cultivos, mayores rendimientos y menor dependencia de los agricultores de los fertilizantes inorgánicos, el agua adicional y los plaguicidas. Al fortalecer y reaprovisionar el suelo, este resiste la erosión por el viento y el agua, permitiendo que el agua penetre mejor. Es un proceso económicamente viable y ayuda a los agricultores a mejorar la productividad de sus suelos y sus ingresos, además de evitar contaminar al ambiente y disminuir los riesgos para la salud de las personas que los manejan así como para los consumidores de los productos.

La Facultad de Agronomía de la UANL actualmente lleva a cabo un proyecto de uso y aprovechamiento de los residuos del ganado (estiércol) y el uso de podas (residuos de los jardines) del campus Marín , el cual consiste en tratar dichos residuos utilizando lombrices donde se obtienen humus ó abono (lombricomposta) y un lixiviado rico en nutrientes esenciales (ácidos fúlvicos) los cuales son utilizados para fertilizar el vivero, los cultivos experimentales y los jardines del mismo campus.

Al año son tratadas 1.5 toneladas de residuos orgánicos obteniendo un total de 700 kg de humus o abono, así como 1000 litros de lixiviado anualmente; este último es rico en nutrientes y se utiliza para riego de jardines o campos de cultivo o en forma foliar por aspersión.

Residuos de grasas y aceites de cafeterías

Los residuos generados a partir de los aceites y grasas vegetales y/o animales usados en la preparación de alimentos, son la principal causa de contaminación de aguas superficiales y subterráneas, debido a su vertido incontrolado. Se estima que un litro de aceite usado puede contaminar de 1,000 a 10,000 litros de agua produciendo obstrucciones, malos olores y la proliferación de plagas en los sistemas de desagüe y/o alcantarillado. Incluso puede perjudicar también al suelo afectando gravemente su fertilidad al alterar su actividad biológica y química.

Por lo anterior, en algunas dependencias de la UANL el aceite vegetal generado en las cafeterías es recolectado en contenedores especiales para que posteriormente sea recogido por una empresa especializada en el ramo como lo es SONNE energéticos S.A. de C.V.. En el 2018 se recolectaron 3.8 toneladas de aceite vegetal provenientes de las cafeterías de la UANL, para ser reciclado y ser posteriormente utilizado en productos amigables con el medio ambiente en la industria química y en biocombustible.

El método de tratamiento más común es la transformación de dichos aceites a través de un proceso de combinación con alcohol metílico e hidróxido de sodio (NaOH), conocido como reacción de transesterificación, produciéndose un compuesto que se puede utilizar directamente en un quemador o en un motor diésel sin modificar, obteniéndose glicerina como subproducto. La glicerina puede a su vez utilizarse en otras industrias como la farmacéutica, de detergentes, etc. El uso de este biocombustible es una opción recomendable desde el punto de vista energético y medioambiental, por su menor nivel de emisión de gases nocivos, en particular el dióxido de carbono (CO2), que es el principal causante del efecto invernadero.