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Los Residuos de Manejo Especial (RME), son definidos en la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR) como aquellos generados en los procesos productivos, que no reúnen las características para ser considerados como peligrosos o como residuos sólidos urbanos, o que son producidos por grandes generadores de residuos sólidos urbanos. Así mismo en esta ley se establecen las categorías definidas de los RME. Otra herramienta de consulta es la Norma Oficial Mexicana NOM-161-SEMARNAT-2011, que establece los criterios para clasificar a los RME y determinar cuáles están sujetos a plan de manejo; el listado de los mismos, el procedimiento para la inclusión o exclusión a dicho listado; así como los elementos y procedimientos para la formulación de los planes de manejo.

De acuerdo al diagnóstico básico para la gestión integral de los residuos (SEMARNAT 2012) se generan anualmente 84 millones de toneladas de 14 corrientes de RME, además de 805 mil vehículos que llegan al final de su vida útil anualmente y las cifras van al alza.

Residuos eléctricos y electrónicos

Los Aparatos Eléctricos y Electrónicos (AEE) son dispositivos que dependen de corrientes eléctricas y campos electromagnéticos para que realicen un correcto funcionamiento, y que, al ser descartados o desechados por el propietario o usuario se convierten en Residuos de Aparatos Eléctricos y electrónicos (RAEE), también conocidos como e-waste o Waste Electrical and Electronic Equipment (WEEE) por sus siglas en inglés. Una de las características principales de los aparatos eléctricos y electrónicos es que contienen sustancias (plomo, cadmio, mercurio, cromo y compuestos orgánicos persistentes) que por sus propiedades pueden causar efectos tóxicos en la salud y al medio ambiente si no son manejados adecuadamente. También poseen sustancias con un alto valor económico (paladio, oro, plata, cobre, rutenio, indio, etc.) que pueden ser recicladas y reincorporadas como materia prima para nuevos productos. Un grupo de sustancias peligrosas contenidas en los RAEE, son los retardantes de flama halogenados, como son los bifenilos polibromados (PBB), bifenilos policlorados (PCB) y los éteres de polibromodifenilos (PBDE). Dichos compuestos fueron incorporados al Convenio de Estocolmo (CE) en el año 2009, en el cual México y otros 180 países forman parte del mismo.

Además del PBDE, el enfoque de las buenas prácticas abarca otros contaminantes significativos potencialmente presentes en los RAEE, constituidos en primera instancia por diferentes metales pesados, por ejemplo, plomo, mercurio, cadmio, entre otros; así como las denominadas tierras raras y otros elementos como berilio, antimonio, entre otros. Existen otras categorías de contaminantes como las sustancias agotadoras de la capa de ozono, o bien gases clasificados como de efecto invernadero. Por lo general, estos contaminantes se encuentran de manera particular y prácticamente limitada a una categoría de RAEE, representada por los equipos intercambiadores de calor como son los refrigeradores y los equipos suministradores de aire acondicionado, entre otros conteniendo clorofluorocarbonos (CFC) e hidroclorofluorocarbonos (HCFC). El manejo ambientalmente adecuado de RAEE debe contemplar evidentemente la consideración con un enfoque integral de todos los contaminantes presentes en ellos, así como su máximo nivel de aprovechamiento, dichos contaminantes se presentan en la siguiente tabla:

Placa de circuito impreso Pueden contener cadmio y otros metales peligrosos como cromo, plomo, mercurio, berilio, zinc y níquel. Además, en estos se utilizan a menudo retardantes de llama bromados y trióxido de antimonio.
Pantallas de cristal líquido, LCDs Las LCDs utilizadas en teléfonos móviles y monitores de computadora de pantalla plana, pueden contener mercurio.
Tubos de rayos catódicos, CRTs Contienen plomo en el cono de vidrio y sulfuro de cadmio/zinc/itrio en el recubrimiento fluorescente.

Baterías

Metales pesados como el plomo, mercurio y cadmio están presentes en ciertas baterías.
Cubiertas de plástico Los plásticos a menudo contienen retardantes de llama halogenados, muchos de los cuales son peligrosos. La combustión de los plásticos y los retardadores de llama halogenados pueden producir sustancias tóxicas. Además, a menudo se agrega antimonio para mejorar la retardancia de la llama.
Componentes, como interruptores El mercurio es usado en lámparas fluorescentes y ha sido históricamente utilizado en termostatos, sensores, relés e interruptores, por ejemplo, en placas de circuitos impresos.
Soldadura Puede contener plomo, estaño y otros metales.
Cableado interno y externo A menudo está recubierto de PVC que comúnmente contiene numerosos aditivos, incluidos compuestos de metales pesados y suavizantes como los ftalatos. La combustión de PVC puede producir sustancias tóxicas.
Semiconductores La industria de semiconductores usa retardantes de llama bromados en el material de encapsulación plástica.

 

El aumento a nivel global del consumo y la producción de AEE (los cuales cuentan con un ciclo de vida relativamente corto) tiene como consecuencia un gran incremento en la generación de RAEE. En el 2016 se estimó que globalmente se generaron 44.7 millones de toneladas (Mt) de RAEE, y se calcula que para el 2021 la cifra aumentará a 52.2 Mt, lo que equivale a un crecimiento mundial del 4.20% de RAEE anualmente. En el continente americano se generaron 11.3 Mt de RAEE, ocupando México el tercer lugar de generación por debajo Estados Unidos y Brasil. Durante el año 2015 se estimó que en México se generaron alrededor de 1.1 Mt de RAEE, pronosticando además que para el 2021 la cifra podría ser de 1.22 millones de toneladas y para el 2026 de 1.35 Mt, lo que significa un incremento anual del 2.18%.

Dadas las implicaciones ambientales, sociales y económicas, y aunado que la corriente de RAEE va en aumento, se pone de manifiesto la urgente la necesidad de diseñar soluciones a la medida del contexto mexicano y las características de los RAEE para asegurar un manejo adecuado, desde el modelo de la Economía Circular. Con esto, se busca contribuir al ciclo de desarrollo positivo continuo para optimizar los recursos y procesos, como se muestra en la siguiente figura:

Daños a la salud

Dado lo anterior, existe el riesgo de contaminación al medio ambiente y daños a la salud debido a que los equipos eléctricos y/o electrónicos en muchas ocasiones son desechados de forma inadecuada lo que puede favorecer la producción de lixiviados que liberan sustancias químicas tóxicas las cuales podrán filtrarse a través del suelo y llegar a contaminar los mantos acuíferos y por lo tanto dañar nuestro organismo al beber agua contaminada con metales pesados, los cuales en altas cantidades pueden provocar graves efectos en la salud tales como:

  • Intoxicaciones agudas
  • Daños neurológicos
  • Daños en el tracto respiratorio
  • Afecciones cardiovasculares
  • Daño hepático y renal
  • Osteoporosis y deformaciones en los huesos
  • Cáncer
  • Daños en el sistema inmunológico

Campañas de Reciclaje Electrónico en la UANL

Dada la pandemia causada por el virus SARS-CoV2 que se vive actualmente, las actividades presenciales en la UANL fueron suspendidas en el mes de marzo de 2020 y reanudadas (para personal administrativo) a finales de abril de 2021, por lo anterior, las campañas de acopio de material electrónico fueron suspendidas, sin embargo, varias dependencias universitarias desafectaron y dispusieron material electrónico con una empresa autorizada por la Secretaría de Desarrollo Sustentable de NL, la cual acudió a cada dependencia a recoger el material. En el periodo enero 2020 a junio 2021 se recolectaron 8.6 toneladas de residuos eléctricos y electrónicos, cuya caracterización se muestra a continuación:

 

Con el reciclaje de las cantidades anteriormente mencionadas se obtuvieron importantes beneficios ambientales tales como:

 

Los residuos fueron posteriormente gestionados a través de una empresa especialista en el ramo y con las autorizaciones ambientales correspondientes para la recolección y reciclaje de los mismos. El monto económico recaudado en dichas recolecciones se destinando a un fondo para otorgar un incentivo económico a la dependencia de la UANL que presente la mejor propuesta de un proyecto en materia de sustentabilidad para implementar en su centro de trabajo. Próximamente se publicarán las bases a través de una convocatoria que emitirá la Secretaría de Sustentabilidad , los proyectos serán evaluados por expertos en la materia.

Otra importante campaña que se inició con una primera etapa durante el año 2019 fue el acopio de cartuchos de tinta y tóner vacíos de todas las dependencias de la UANL a través del Amacén general, los cuales fueron donados a la Alianza Anticáncer Infantil como parte de la responsabilidad social de nuestra Institución. Dicho material sirvió para apoyar al financiamiento de tratamientos de los niños con cáncer. Como una segunda etapa, a partir del 24 de mayo de 2021, la UANL participa en el programa HP Planet Partners, en la cual los cartuchos devueltos de tinta y tóner originales se recolectan y envían a instalaciones de reciclaje en Estados Unidos. Estas instalaciones tienen autorización total y cumplen con los requisitos de ISO 14001 e ISO 9001. Todos los cartuchos pasan por un proceso de reciclaje de múltiples fases. Estos se convierten en materias primas que se pueden utilizar para fabricar productos nuevos de plástico y metal, como los cartuchos HP. Cualquier material remanente se desecha o procesa en forma responsable a través de procesos de recuperación de energía. En el periodo de tiempo enero 2020 a junio 2021 se dispuso un total de 3,234.30 kg de cartuchos de tóner y tinta vacíos en el programa ya mencionado.

 

Los RAEE y su relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Como se mencionó anteriormente, los crecientes niveles de generación de los RAEE y el inadecuado manejo y baja seguridad en su tratamiento y eliminación mediante prácticas de incineración al aire libre o arrojándolos a vertederos sin ningún control, supone importantes riesgos para el medio ambiente y para la salud de los seres vivos. Lo anterior plantea varios retos para el desarrollo sostenible y para el cumplimiento de las metas planteadas en los ODS de la ONU. La disponibilidad de datos certeros sobre los RAEE y su mayor comprensión contribuirá al logro de varios objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En particular, se contribuirá al cumplimiento de los ODS relacionados a la protección del Medio Ambiente (Objetivos 6, 11, 12 y 14) y la Salud (Objetivo 3). También abordará el Objetivo 8 dedicado especialmente al empleo y el crecimiento económico, puesto que el acierto de la gestión de los residuos electrónicos puede redundar en la creación de nuevos ámbitos de empleo e impulsar el emprendimiento. Las metas que se han trazado para el cumplimiento de los ODS relacionados con los residuos electrónicos se muestran en la siguiente tabla:

Residuos orgánicos

La utilización de los residuos orgánicos juega un papel importante en el mantenimiento de la fertilidad del suelo, además de ser una fuente de nutrientes, mejora sus propiedades físico-químicas y biológicas. Estas ventajas se manifiestan en un menor riesgo para los cultivos, mayores rendimientos y menor dependencia de los agricultores de los fertilizantes inorgánicos, el agua adicional y los plaguicidas. Al fortalecer y reaprovisionar el suelo, este resiste la erosión por el viento y el agua, permitiendo que el agua penetre mejor. Es un proceso económicamente viable y ayuda a los agricultores a mejorar la productividad de sus suelos y sus ingresos, además de evitar contaminar al ambiente y disminuir los riesgos para la salud de las personas que los manejan, así como para los consumidores de los productos.

La Facultad de Agronomía de la UANL lleva a cabo desde hace 15 años un proyecto de uso y aprovechamiento de los residuos del ganado (estiércol) y el uso de podas (residuos de los jardines) del campus Marín , el cual consiste en tratar dichos residuos utilizando lombrices donde se obtienen humus o abono (lombricomposta) y un lixiviado rico en nutrientes esenciales (ácidos fúlvicos) los cuales son utilizados para fertilizar el vivero, los cultivos experimentales y los jardines del mismo campus.

Al año son tratadas 1.5 toneladas de residuos orgánicos obteniendo un total de 700 kg de humus o abono, así como 1000 litros de lixiviado anualmente; este último es rico en nutrientes y se utiliza para riego de jardines o campos de cultivo o en forma foliar por aspersión.

 

Residuos de grasas y aceites de cafeterías

Los residuos generados a partir de los aceites y grasas vegetales y/o animales usados en la preparación de alimentos, son la principal causa de contaminación de aguas superficiales y subterráneas, debido a su vertido incontrolado. Se estima que un litro de aceite usado puede contaminar de 1,000 a 10,000 litros de agua produciendo obstrucciones, malos olores y la proliferación de plagas en los sistemas de desagüe y/o alcantarillado. Incluso puede perjudicar también al suelo afectando gravemente su fertilidad al alterar su actividad biológica y química.

Por lo anterior, la UANL promueve un programa para que el aceite vegetal generado en las cafeterías que operan dentro de los Campus, sea recolectado en contenedores especiales para que posteriormente sea recogido por una empresa especializada en el ramo como lo es SONNE energéticos S.A. de C.V.

En el periodo enero 2020 a junio 2021, se recolectaron 6.1 toneladas de aceite vegetal provenientes de cafeterías que operan distintas dependencias universitarias, para ser reciclado y ser posteriormente utilizado en productos amigables con el ambiente en la industria química y en biocombustible.

El método de tratamiento más común es la transformación de dichos aceites a través de un proceso de combinación con alcohol metílico e hidróxido de sodio (NaOH), conocido como reacción de transesterificación, produciéndose un compuesto que se puede utilizar directamente en un quemador o en un motor diésel sin modificar, obteniéndose glicerina como subproducto. La glicerina puede a su vez utilizarse en otras industrias como la farmacéutica, de detergentes, etc. El uso de este biocombustible es una opción recomendable desde el punto de vista energético y medioambiental, por su menor nivel de emisión de gases nocivos, en particular el dióxido de carbono (CO2), que es el principal causante del efecto invernadero.

 

Trampas de grasas y aceites