Los residuos de manejo especial (RME) son aquellos que se generan en procesos productivos, que no reúnen las características para ser considerados residuos sólidos urbanos o residuos peligrosos, o que son producidos por grandes generadores de residuos sólidos urbanos. De acuerdo con la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de Residuos (LGPGIR). De acuerdo con el Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos (SEMARNAT, 2012) en México se generan anualmente 84 millones de toneladas de 14 tipos de residuos de manejo especial, por ejemplo: cobre, aluminio, neumáticos, residuos de la construcción, lodos provenientes de plantas de tratamiento de aguas residuales, entre otros, a los que se deben agregar los más de 800 mil vehículos que llegan al final de su vida útil cada año en todo el país, cuya cifra va en aumento.

En la Universidad Autónoma de Nuevo León, se realiza una campaña permanente de concientización dirigida a los miembros de la comunidad universitaria para que los residuos de manejo especial (RME) sean transportados y confinados en forma adecuada, con el fin de evitar la exposición de los riesgos que generan.

 

Residuos eléctricos y electrónicos

La tecnología de rápida innovación y de cortos periodos de vida son algunos de los factores que contribuyen a la creciente cantidad de residuos electrónicos generados. Los equipos eléctricos y electrónicos (televisiones, teléfonos móviles, computadoras y equipos electrodomésticos, entre otros) están compuestos de cientos de materiales diferentes, tanto valiosos (oro, plata, paladio y cobre) como potencialmente peligrosos (plomo, cadmio, mercurio y arsénico). Dependiendo del tipo de tecnología, país de origen y el fabricante, estos compuestos pueden ser accidentalmente liberados al ambiente durante proceso de desensamble, representando un peligro para la salud humana y el ambiente en caso de ser que no se realice una adecuada disposición de los mismos.

Un ejemplo de las consecuencias que genera la inadecuada disposición de este tipo de materiales lo constituyen los lixiviados, que son líquidos que liberan sustancias tóxicas al ambiente, las cuales pueden filtrarse a través del suelo y contaminar los mantos acuíferos con metales pesados, provocando daños a la salud humana como los que se mencionan a continuación, cuando el agua es consumida por poblaciones humanas:

  • Intoxicaciones agudas
  • Daños neurológicos
  • Daños en el tracto respiratorio
  • Afecciones cardiovasculares
  • Daño hepático y renal
  • Osteoporosis y deformaciones en los huesos
  • Cáncer
  • Daños en el sistema inmunológico

De acuerdo con el estudio realizado para cuantificar los residuos electrodomésticos “Análisis, evaluación y definición de estrategias de solución de la corriente de residuos generados por electrodomésticos al final de su vida útil” (SEMARNAT, 2010), en México se reporta una generación de residuos electrónicos superior a las 350 toneladas anuales.

Debido a esta situación, la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Secretaría de Sustentabilidad se dio a la tarea de establecer periódicamente campañas de reciclaje electrónico, a través de las cuales se busca sensibilizar a la comunidad universitaria y el público en general para que realicen una adecuada disposición de este tipo de residuos, que en muchas ocasiones permanecen almacenados en casas y oficinas.

En noviembre de 2016 se realizó una campaña de recolección de este tipo de residuos, y durante 4 días se establecieron cinco centros de acopio en diferentes campus de la UANL (Ciudad Universitaria, Mederos, Ciencias de la Salud, Ciencias Agropecuarias y Linares) logrando recolectar 17.74 toneladas de residuos eléctricos y electrónicos quedando caracterizados de la siguiente forma:


Del total de residuos recolectados, el 95% fueron aportados por las dependencias universitarias y el 5% restante por particulares. Además de los beneficios derivados de confinamiento adecuado de los materiales de desecho, el reciclado de los materiales útiles generó importantes beneficios ambientales como los siguientes: 418,775 KwH de energía eléctrica no consumida y 65.52 Ton de CO2 no emitidas a la atmósfera, sólo por mencionar algunos.

 

Residuos orgánicos

La Facultad de Agronomía de la UANL opera el proyecto de aprovechamiento de los residuos del ganado (estiércol) y el uso de podas (residuos de los jardines) para generar composta en Unidad Académica ubicada en el municipio de Marín, N.L., el cual consiste en tratar este tipo de residuos utilizando lombrices para obtener humus (lombricomposta) además de un lixiviado rico en nutrientes esenciales (ácidos fúlvicos), los cuales son utilizados para fertilizar los viveros universitarios, los cultivos experimentales y los jardines ubicados en distintos campus.

De acuerdo con la información proporcionada por los responsables del proyecto, cada año son tratadas más 1.5 toneladas de residuos orgánicos obteniendo un total de 700 kg de humus o abono, así como 1,000 litros de lixiviado; siendo este último rico en nutrientes y utilizado para riego de jardines, campos de cultivo o en forma foliar por aspersión.

El tratamiento de los residuos orgánicos cada día cobra mayor importancia dada la dimensión del problema que representa la utilización de fertilizantes de origen químico los cuales además de contaminar el ambiente y tener mayor costo representan un riesgo para la salud de las personas que los manejan.

Debido a la consolidación y éxito del proyecto, se prevé que en el mediano plazo pueda presentar un importante crecimiento, que le permita comercializar el humus o abono, ya que actualmente solo se utiliza de forma interna para satisfacer las necesidades de la propia Universidad.

 

 

Residuos de aceite

Los residuos generados por el uso de aceites y grasas de origen vegetal y/o animal, principalmente en las instalaciones, que se encuentran dentro de los campus, en donde se preparan alimentos, son considerados residuos de alto riesgo ya que son la principal causa de contaminación del agua, cuando son vertidos de forma inadecuada a los drenajes, lo que puede causar graves problemas como la obstrucción de las tuberías, generando malos olores y permitiendo la proliferación de plagas en los sistemas de desagüe y/o alcantarillado.

Debido a esta situación, en la UANL se promueve que los residuos de aceite vegetal utilizado en las cocinas de las cafeterías, sean almacenados en contenedores especiales, evitando con esto ser vertido al drenaje. Posteriormente, dichos residuos son trasladados y reciclados para su utilización como biocombustible por empresas especializadas.