Secretaría de Sustentabilidad

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

SECRETARÍA DE SUSTENTABILIDAD 

Riqueza biológica de zonas áridas y semiáridas

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En muchas ocasiones las zonas áridas y semiáridas se asocian con ambientes inhóspitos, sin vida o desolados; sin embargo, estos ecosistemas albergan una gran riqueza de especies de flora y fauna silvestres, algunas de las cuales son endémicas y otras se encuentran en peligro de extinción, por lo que se consideran como regiones de gran relevancia biológica.

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Las zonas áridas y semiáridas ocupan más del 40% del territorio nacional, abarcando alrededor de 56.92 millones de hectáreas, en donde, de acuerdo con estimaciónes de la Comisión Nacional de Zonas Áridas (CONAZA), el 18% de la población total de México habita en ese tipo de ecosistemas. Geográficamente se localizan principalmente en la región norte y centro del país, en los estados de Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas, aunque también es posible encontrarlas al sur en los estados de Puebla y Oaxaca (CONAFOR, 2018).

El tipo de vegetación con mayor presencia en estas zonas es el matorral xerófilo, no obstante, debido a la variación de los patrones de temperatura y precipitación que se presentan, aunado a la variación de tipos de suelo que existen, las zonas áridas presentan una alta diversidad biológica, así como también un alto número de especies endémicas (García-Hernández y Jurado, 2008; Granado Sanchez, 2011; Rivera et. al. 2004).

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Una característica importante que comparten este tipo de zonas es que se trata de ambientes en donde la perdida de agua por evaporación es mucho mayor que la que ingresa a través de la precipitación, además de que las temperaturas son extremas y, en general, la disponibilidad de nutrientes en el suelo es baja, lo que provoca que la vegetación este compuesta principalmente por plantas leñosas de porte bajo, así como por plantas suculentas y gramíneas que forman matorrales xerófilos y pastizales (Briones, et. al., 2018).

La gran mayoría de las plantas que forman parte de los tipos de vegetación presentes en las regiones áridas del país, tienen un gran valor no sólo desde el punto de vista biológico, sino también económico y productivo para las poblaciones humanas que habitan en estas zonas, como el maguey, yuca, orégano, lechuguilla, mezquite y gobernadora, que proveen bebidas, fibras, medicinas, cera, ropa, carbón, papel, entre otros productos (CONAFOR, 2018).

En el caso de las cactáceas, plantas que son de gran utilidad medicinal y alimenticia, existen mutiples especies como los nopales del género Opuntia, que proporcionan verduras y fruta (tunas) que son consumidos por las poblaciones humanas, pero también se utiliza como forraje para alimentar ganado. Otras especies de cactáceas como Lophophora williamsii, Echicocactus platyacanthus y Ferocactus Pilosus, han sido utilizadas como analgésicos, alucinógenos e ingredientes de diversos platillos mexicanos, pero desafortunadamente han sido aprovechadas en forma no sustentable, lo que ha provocado que actualmente dichas especies se encuentren contempladas en la categoría de riesgo de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010 (Ramírez M., 2002; Narváez, et.al., 2018).

Adiconalmente, las zonas áridas y semiáridas resguardan una gran diversidad de fauna. Algunas de las especies más comunes son los cérvidos, como “venado cola blanca” Odocoileus virginianus, y “borrego cimarrón” Ovis canadensis, los cuales han sido cazados por encima de sus tasas de renovación poblacional, por lo que actualmente se encuentra bajo una categoría de riesgo en la NOM-059-SEMARNAT2010. Otros animales comunes en estos ecosistemas son los coyotes, Canis latrans, una especie omnivora a la que se le atribuye la propagación de la germinación de semillas y su viabilidad después de pasar por el tracto digestivo de especies arbustivas de matorral como Prosopis laevigata, Karwinskia humboldtiana y Diospyrus texana, (Gonzales, 2019; Mendoza, et., al., 2019).

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De igual manera, en estas regiones existen especies de gran importancia, como los “perritos de la pradera” del género Cynomys, cuyos sistemas de túneles sirven para canalizar los escurrimientos de agua, influyen en las propiedades y composición del suelo, además de mejorar la aireación, manteniendo en buen estado las tierras de pastoreo, lo que favorece a grandes herbívoros (Davies, et. al., 2012).

Un grupo taxonómico importante que forma parte de las zonas áridas son los reptiles, en el país existe una gran diversidad de especies de este grupo biológico que han logrado adaptarse a los climas extremos, como las serpientes, cuyas especies más comunes son las del género Crotalus, conocidas como “víbora de cascabel”, que se consideran controladoras efectivas de plagas, ya que su dieta se basa principalemente de pequeños roedores (PROFEPA,2020).

Otro grupo biológico importante que habita en estas regiones son los artrópodos, los cuales cuentan con una gran diversidad de polinizadores, que guardan una estrecha relación con las plantas, ocupando una posición clave en el mantenimiento y la conservación de los ecosistemas naturales y agrícolas, ya que colectan el néctar de las flores, favoreciendo la reproducción de las plantas. Un ejemplo son las abejas, que transportan gran cantidad de polen en los bellos de su cuerpo, polinizando a gran cantidad de plantas, además de ser grandes productores de miel, la cual es considerada de alta calidad y con propiedades medicinales (Dafni y O’Toole, 1994; Daily, 1997).

Un llamdo a la conservación y uso sustentable de las zonas áridas y semiáridas

Las zonas áridas y semiáridas tienen una gran importancia desde el punto de vista ambiental debido a la gran riqueza biológica que en ellas habita y la gran cantidad de servicios ecosistémicos que brindan, sin embargo, la expansión de las actividades agropecuarias no sustentables ha causado la pérdida de grandes extensiones de vegetación natural, poniendo en riesgo de desaparición a diversas especies animales y vegetales.

Estos ecosistemas únicos albergan una gran variedad de especies adaptadas a condiciones extremas, que no solo destacan por su alta capacidad de adaptabilidad y resistencia a condiciones extremas, sino también por su valor intrínseco y científico. Las plantas y animales de estas regiones poseen adaptaciones especiales que ofrecen valiosas oportunidades para realizar investigación científica, que pudiera generar conocimientos necesarios para generar soluciones innovadoras a diversos desafíos ambientales de carácter local y global.

Por todo lo anterior, es de vital importancia promover el aprovechamiento sustentable de la zonas áridas y semiáridas presente en el país, no solo para poder conservar la enorme biodiversidad que en ellas habita, sino también para beneficiar a las comunidades humanas que utilizan esta riqueza biológica. Proteger este tipo de zonas garantiza la sustentabilidad y resiliencia de nuestro entorno natural, promoviendo un equilibrio ecológico que beneficia tanto al ambiente como a la sociedad.

Bibliografía

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Daily, C. (1997). Nature’s services: societal dependence on natural ecosystems. Island, Washington, D.C. 392 p.

Davies, J., Poulsen, L., Schulte-Herbrüggen, B., Mackinnon, K., Crawhall, N., Henwood, W. D., … & Gudka, M. (2012). Conservación de la biodiversidad de las tierras áridas. IUCN: Gland, Switzerland, 84. https://catalogue.unccd.int/124_2012-050-Es_0.pdf

García Hernández, J. and E. Jurado. 2008. Caracterización del matorral con condiciones prístinas en Linares N. L., México. Ra Ximhai 4:1-21

Granados-Sánchez, D., A. Sánchez-González, V. Granados, L. Ro and A. Borja de la Rosa. 2011. Ecología de la vegetación del desierto chihuahuense. Revista Chapingo serie ciencias forestales y del ambiente 17: 111-130. https://doi.org/10.5154/r.rchscfa.2010.10.102

González Pérez, A. (2019). Mamíferos del Orden Carnívora como dispersores de semillas en una zona Semiárida del Estado de Puebla (Doctoral dissertation, Tesis de Maestría. Universidad Autónoma Metropolitana. (UAM). http://tesiuami. izt. uam. mx/uam/aspuam/ver_texto. php).

Jurado Guerra, P., Velázquez-Martínez, M., Sánchez-Gutiérrez, R. A., Álvarez-Holguín, A., Domínguez-Martínez, P. A., Gutiérrez-Luna, R., … & Chávez-Ruiz, M. G. (2021). Los pastizales y matorrales de zonas áridas y semiáridas de México: Estatus actual, retos y perspectivas. Revista mexicana de ciencias pecuarias12, 261-285.

Mendoza, H. V., Uribe, A. L. B., Martínez, M. M., Amado, J., & González, G. (2019). Dispersión de semillas de chapote (Diospyros texana Scheele) por fauna silvestre en un área semiárida. In IV Congreso Internacional y XV Congreso Nacional sobre Recursos Bióticos de Zonas Áridas (p. 118).

Narváez, E. R. E., Silva, M. L. E., & Breen, M. W. (2018). El brebaje del desierto: usos del peyote (Lophophora williamsii, Cactaceae) entre los cazadores recolectores de Nuevo León. Centro de Investigación Científica de Yucatán, AC (CICY)10, 186-196. https://www.cicy.mx/Documentos/CICY/Desde_Herbario/2018/2018-08-30-RNarvaez-El-brebaje-del-desierto.pdfRivera, A. V., Manuell, I., & Godínez, H. (2004). Las costras biológicas del suelo y las zonas áridas. Ciencias75, 24-27.

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Ramírez, M. C. C. (2002). Plantas de importancia económica en las zonas áridas y semiáridas de México. UNAM, Instituto de Geografía. http://www.observatoriogeograficoamericalatina.org.mx/egal10/Procesosambientales/Usoderecursos/08.pdf